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Consejos para Padres 6 min de lectura

Cómo motivar a tu hijo a estudiar sin convertirlo en una guerra

Padres motivando a su hijo a estudiar — Academia Veritas Úbeda

«Es que no le motiva nada.» Lo escuchamos casi cada semana en la academia, y casi siempre lo dice alguien agotado de repetir lo mismo cada tarde. La buena noticia es que la motivación no es un rasgo de carácter que se tiene o no se tiene: es en buena medida una consecuencia del entorno, la rutina y el tipo de conversación que hay en casa alrededor del estudio.

Primero: distingue desmotivación de dificultad

Antes de trabajar la motivación conviene descartar lo otro. Un alumno que no entiende la materia acaba pareciendo desmotivado, porque nadie insiste voluntariamente en algo donde solo cosecha fracasos. Es un mecanismo de protección perfectamente lógico.

La pregunta clave es: ¿se aburre porque no le interesa o se rinde porque no puede seguir el ritmo? Si es lo segundo, ninguna técnica de motivación va a funcionar hasta que se tapen las lagunas de base. Es exactamente lo que hacemos en las clases de refuerzo: localizar el punto donde se perdió el hilo.

1. El entorno importa más que el discurso

Un escritorio despejado, buena luz, la puerta abierta y el móvil fuera de la habitación, no boca abajo sobre la mesa. La diferencia entre tener el móvil en otra habitación y tenerlo en silencio al lado es enorme: la atención se resiente solo con saber que está ahí.

Y un detalle que suele pasar desapercibido: si mientras tu hijo estudia en su cuarto el resto de la casa está viendo la televisión a todo volumen, el mensaje que recibe no es el que pretendes.

2. Hora fija, todos los días

La rutina ahorra fuerza de voluntad. Si estudiar es algo que se decide cada tarde, cada tarde hay una negociación. Si es algo que simplemente pasa a las cinco y media, como cenar o ducharse, la negociación desaparece en unas semanas.

Que la hora la proponga él o ella, dentro de unos márgenes razonables. Una rutina elegida se cumple mucho mejor que una rutina impuesta.

3. Objetivos pequeños y alcanzables

«Saca mejores notas» no es un objetivo: es un deseo. «Esta tarde hago los diez ejercicios de la página 84» sí lo es, porque se puede empezar, terminar y tachar de la lista.

La sensación de haber completado algo es en sí misma motivadora. Por eso funciona tan bien dividir la tarde en bloques con un final visible, en lugar de plantear un genérico «ponte a estudiar» que no se sabe cuándo acaba.

4. Reconoce el esfuerzo, no solo el resultado

Si en casa solo se celebra el sobresaliente, un alumno que ha subido de un 3 a un 5 aprende que su esfuerzo no cuenta. Y ese salto, precisamente, es el más difícil de todos.

Fíjate en lo que sí depende de él: que se haya sentado todos los días, que haya preguntado una duda, que haya hecho el esquema. Eso es lo que puede repetir el trimestre siguiente; el 9 no siempre.

5. Cambia el interrogatorio por la conversación

«¿Has estudiado?» y «¿tienes deberes?» son preguntas cerradas que se responden con un monosílabo y ponen al alumno a la defensiva. Prueba con «¿qué habéis dado hoy en mates?» o «explícame eso que estás estudiando, que no me entero».

Esta última tiene un efecto secundario estupendo: explicar en voz alta es una de las técnicas de estudio más eficaces que existen. Sin darse cuenta, tu hijo está repasando mientras charla contigo.

6. Separa la nota de la persona

Hay una distancia enorme entre «este examen te ha salido mal» y «eres un desastre». La primera frase habla de un hecho puntual y reversible; la segunda, de una identidad. Y los adolescentes acaban comportándose según la identidad que se les repite.

Un alumno convencido de que es malo en matemáticas dejará de intentarlo, porque para él el resultado ya está escrito. Romper esa creencia suele ser el paso previo a cualquier mejora real.

Preguntas frecuentes

¿Debo castigar a mi hijo si suspende?

El castigo funciona a corto plazo y se agota rápido: a la tercera vez deja de tener efecto y solo queda el mal ambiente. Es mucho más eficaz acordar de antemano una rutina y unas consecuencias claras, y ser constante en cumplirlas, que reaccionar en caliente al ver las notas.

¿Cuánto tiempo debería estudiar al día un alumno de la ESO?

Como orientación, entre una hora y hora y media diaria de trabajo efectivo en la ESO, y bastante más en 2º de Bachillerato. Pero importa más la regularidad que el número: media hora todos los días rinde mucho más que cinco horas seguidas el domingo por la tarde.

Mi hijo dice que estudia pero saca malas notas, ¿qué pasa?

Lo más habitual es que esté estudiando de forma pasiva: leer y subrayar da sensación de estar trabajando, pero apenas fija nada. Suele resolverse cambiando el método de estudio, no aumentando las horas.

¿Y si el problema no es la motivación?

En Academia Veritas empezamos por una evaluación inicial para saber si lo que falla es la actitud o la base. Cuéntanos el caso de tu hijo y te damos nuestra opinión sincera, sin compromiso.

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Sonia Higueras García

Sonia Higueras García

Directora Académica · Academia Veritas Úbeda

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